Qué esperar de tus primeras clases de Pilates

Si has decidido empezar Pilates, es probable que tengas dudas y quizás alguna idea preconcebida.  Tal vez alguien te ha recomendado probarlo para cuidar tu espalda, o quizás buscas un entrenamiento que componente otras actividad físicas. Sea cual sea tu motivo, dar el primer paso siempre genera preguntas: ¿Será muy difícil? ¿Es solo estirar? ¿Es parecido al yoga?

Para que acudas a tu primera sesión con total tranquilidad, aquí te contamos exactamente qué vas a encontrar y cómo funcionarán tus primeras clases.

1. El foco no es la cantidad, sino la precisión

Olvídate de contar repeticiones interminables o de buscar el agotamiento extremo desde el minuto uno. En Pilates, la máxima es calidad por encima de cantidad.

En tus primeras sesiones aprenderás que realizar tres repeticiones con una alineación impecable y pleno control es infinitamente más efectivo que hacer veinte de forma apresurada. El ritmo suele ser pausado y muy guiado, porque el objetivo principal es que tu cuerpo aprenda a moverse bien.

2. Descubrirás tu “centro” (y cómo respirar de verdad)

Una de las primeras sorpresas para los principiantes es la toma de conciencia corporal. Aprenderás a ubicar y activar lo que en Pilates llamamos el Powerhouse o centro de control (la musculatura profunda del abdomen, el suelo pélvico, los multífidos y el diafragma).

También aprenderás a ser consciente de tu respiración y a coordinarla con el movimiento . Al principio puede sentirse como estar atento a demasiadas cosas a la vez, pero es un aprendizaje progresivo que cambia por completo tus sensaciones a la hora de entrenar.

3. Un trabajo más profundo de lo que parece

Existe el mito de que en Pilates “no se suda” o “solo se estira”. La realidad es que es un entrenamiento exigente, pero de una manera distinta.

No sentirás la fatiga del ejercicio cardiovascular intenso, sino un reto de estabilidad y control motor. Músculos profundos que quizás no sabías que tenías empezarán a trabajar para estabilizar tus articulaciones y mantener la postura frente a la resistencia (ya sea de tu propio cuerpo o de las muelles en las máquinas).

4. Sensaciones al terminar (y al día siguiente)

Al salir de tus primeras clases, lo habitual es experimentar una sensación doble:

En el momento: Una agradable sensación de “descompresión” y ligereza,  mayor altura postural y una mente relajada gracias al nivel de concentración que exige la práctica.

A las 24-48 horas: Es perfectamente normal sentir agujetas en zonas poco habituales.  Es la señal de que te has activado de una forma diferente.

5. La paciencia es tu mejor aliada

Aprender a moverte con control es un proceso de reeducación neuromuscular. En las primeras dos o tres clases es normal sentirse torpe o dudar de si lo estás haciendo bien. No te exijas perfección desde el primer día. El cerebro necesita un tiempo de adaptación para coordinar la respiración, la postura y el movimiento. Disfruta del proceso de exploración y dale a tu cuerpo el margen que necesita para integrar la técnica.

Un consejo final: Acude con ropa cómoda que no sea demasiado holgada (para que sea fácil corregir tu alineación) y, sobre todo, con la mente abierta para conectar con tu cuerpo de una forma totalmente nueva. ¡Nos vemos en el mat!